Empiezo este blog con un objetivo simple: compartir ideas y descubrimientos que, para muchos, probablemente sean historia antigua, pero que para mí recién se van revelando con claridad a medida que avanzo en mi camino profesional.

Durante casi 20 años trabajé para organizaciones de distintos tamaños y sectores. En muchos de esos roles tuve libertad para proponer objetivos, estrategias o enfoques. Pero siempre había un marco claro: un listado de servicios, un “esto sí” y un “esto no”, un perímetro que no se debía cruzar.

Cuando el foco se convierte en límite

Recuerdo bien una experiencia trabajando en un medio de comunicación dedicado a las noticias. En más de una ocasión pregunté por qué ciertas noticias no se profundizaban más, por qué no se investigaban a fondo. La respuesta era siempre la misma: “Somos un medio de noticias, no de investigación. Nuestra función es informar”.

Tenía sentido. Cada negocio tiene un foco, y salirse de él puede ser peligroso. Pero algo no terminaba de cuadrarme. ¿Por qué no se podía salir un poco del círculo? ¿Por qué el foco, en lugar de orientar, parecía limitar?

Con el tiempo entendí que esa inquietud, esa necesidad de ir un poco más allá, no siempre es bien recibida. Muchas organizaciones ya tienen su foco definido y esperan que quienes trabajan con ellas lo respeten y lo mantengan. Salirse de ahí puede generar fricción, incluso problemas. Me pasó, me costó.

El propósito como excusa, y no como guía

Hoy esa lógica me resulta paradójica. Creo sinceramente que una empresa es mucho más rica cuando se guía por su propósito real, no solo cuando lo declara. Cuando una organización dice tener un propósito, pero actúa únicamente por los medios que le convienen, ese propósito pierde legitimidad. Se vuelve una excusa elegante para hacer negocio.

Un ejemplo simple y deliberadamente incómodo: si una clínica declara como propósito “velar por la salud de todos los peruanos”, pero rechaza pacientes porque no tienen seguro, hay una contradicción evidente. No se trata de desconocer la sostenibilidad del negocio, sino de reconocer que el propósito no puede ser solo un eslogan.

Ahí es donde muchas empresas fallan: usan mal sus fines de existencia. Los declaran, pero no los asumen.

Consultar sin parámetros y aprender a adaptarse

Hoy, como consultor independiente, el escenario es completamente distinto. Ya no existen esos parámetros impuestos desde fuera. Existen otros, más exigentes: los propios.

Al inicio pensé que lo más sensato era enfocarme en un nicho muy específico, en un tipo de comunicación particular: aquella que nace desde las acciones de responsabilidad social. Tenía lógica, era coherente con mi trayectoria.

Pero en el camino empezaron a aparecer otras oportunidades. Distintas. Inesperadas. Y entendí algo clave: hay que adaptarse para sobrevivir.

Adaptarse no es traicionar tu propósito. Es aprender, ajustar, incorporar nuevas capas y seguir avanzando sin perder criterio.

Empieza por el porqué para determinar tu propósito

Una historia lo explica mejor. A inicios del siglo XX, un grupo de empresarios fundó Minnesota Mining and Manufacturing, hoy conocida como 3M, con la idea de explotar un mineral para fabricar papel de lija. Según la historia de la propia empresa, sus primeras operaciones mineras no produjeron el mineral que buscaban y las ventas iniciales fueron débiles.

En lugar de quedarse inmóvil ante el resultado, la empresa fue aprendiendo y desarrolló nuevas maneras de trabajar. Décadas después, un científico de 3M, Spencer Silver, creó un adhesivo menos fuerte de lo que buscaba. Otro empleado, Art Fry, encontró para él una aplicación concreta: un marcador que podía adherirse a las páginas sin dañarlas. Así nació el Post-it. 3M cuenta aquí esa historia.

3M no se volvió grande por tener razón desde el inicio. Aprendió a aprovechar descubrimientos que, vistos desde el objetivo original, parecían errores. Una idea que no servía para una tarea podía abrir otra posibilidad.

Hoy tengo cada vez más claro que el foco es necesario, pero la rigidez mata. Que el propósito sin coherencia es solo discurso. Y que adaptarse no es perder el rumbo, siempre y cuando persigas el mismo propósito y no solo el negocio.

Así que, gente, a adaptarse. Gracias por leer.

Eric Mc FarlaneDirector de Maquinando